{"id":219043,"date":"2026-10-11T08:44:08","date_gmt":"2026-10-11T06:44:08","guid":{"rendered":"https:\/\/otraronda.xyz\/rock\/morire-antes-que-mi-madre\/"},"modified":"2026-10-11T08:44:08","modified_gmt":"2026-10-11T06:44:08","slug":"morire-antes-que-mi-madre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/otraronda.xyz\/rock\/morire-antes-que-mi-madre\/","title":{"rendered":"Morir\u00e9 antes que mi madre"},"content":{"rendered":"<div>Mi padre muri\u00f3 con setenta y un a\u00f1os. Mi abuelo tambi\u00e9n muri\u00f3 a los setenta y tantos. Yo arrastro sesenta y uno. Ser\u00eda temerario suponer que llegar\u00e9 a los ochenta a\u00f1os, un umbral que mi padre y mi abuelo no alcanzaron a cruzar. Ser\u00eda prudente pensar que me quedan diez a\u00f1os de vida. Me gusta planear mi vida, o lo que me queda de ella, pensando que morir\u00e9 a la edad en que muri\u00f3 mi padre.Por eso ahora mismo estoy volando a Monterrey, M\u00e9xico, ciudad que no conozco, para presentarme en una feria del libro a la que yo mismo me he invitado, y la pr\u00f3xima semana, si hay viento a favor, llegar\u00e9 con entusiasmo a Montevideo, para colarme como un intruso en su fiesta anual de los libros, y despu\u00e9s visitar\u00e9 Santiago de Chile, donde anta\u00f1o me quer\u00edan y ahora solo me van quedando adversarios, para descolgarme en la celebraci\u00f3n de los libros, y antes de fin de a\u00f1o invadir\u00e9 con porf\u00eda pirata Guadalajara, donde nadie advertir\u00e1 mi presencia en su gigantesca, laber\u00edntica feria cultural, por cuyos pasillos deambular\u00e9 como un fantasma que desea ser mirado. Quiero decir: cada uno de esos viajes innecesarios e in\u00fatiles, que acaso exaltan la vanidad, es una manera de celebrar la vida, la poca vida que avizoro en el horizonte, y de morir un poco, dejando la vida desparramada en aquellas ciudades, en esos aeropuertos, en todos los vuelos demorados, en los libros que firmar\u00e9, aun si son copias piratas.Mi madre tiene ochenta y seis a\u00f1os, y todo indica que llegar\u00e1 plena de vitalidad, con absoluta ligereza, a los noventa. Su madre cumpli\u00f3 noventa y siete a\u00f1os antes de fallecer. Soy gen\u00e9ticamente id\u00e9ntico a mi madre. Podr\u00eda entonces esperanzarme pensando en que, como ella, seguir\u00e9 respirando a los noventa. No me resulta cre\u00edble que vivir\u00e9 treinta a\u00f1os m\u00e1s. Tampoco me resulta deseable. No quisiera vivir como un despojo, un estorbo. No deseo ser una carga para nadie. Me espanta convertirme en una caricatura, un garabato, un esperpento, un viejo bobo y baboso. Prefiero irme antes.Cuando mi padre estaba muriendo de c\u00e1ncer en una cl\u00ednica cercana a su casa, dio instrucciones para no recibir visitas a ninguna hora. Solo pod\u00edan verlo mi madre y algunos de sus hijos, aquellos que \u00e9l autorizaba a pasar. No recibi\u00f3 a sus hermanos ni a sus amigos ni tan siquiera a las monjas del convento a las que tantas veces favoreci\u00f3 con monedas y manjares. No quer\u00eda que lo viesen demacrado, macilento. No quer\u00eda que lo recordasen as\u00ed, un hombre roto, quebrado, derrotado. Prefer\u00eda que lo evocasen como el toro bravo que supo ser. Por suerte, a m\u00ed me recibi\u00f3 en la pen\u00faltima hora. Le dijo a mi madre que yo pod\u00eda pasar a despedirme de \u00e9l. Hab\u00edamos sido enemigos toda la vida. Le di un beso en la frente, le dije que lo quer\u00eda, que todo estaba bien, que no hab\u00eda rencores. Le dese\u00e9 un buen viaje. Derram\u00e9 un par de l\u00e1grimas. Sal\u00ed deprisa, huyendo de m\u00ed mismo, sin saber ad\u00f3nde ir, d\u00f3nde esconderme. Al d\u00eda siguiente, mi padre estaba muerto. Una parte de m\u00ed, una zona oscura, la zona del rencor, se muri\u00f3 con \u00e9l. Ya no lo odio. Todas las noches, antes de dormir, le digo: espero que est\u00e9s en un lugar mejor, que ya no seas cojo, que tengas muchas novias y puedas montar en moto a toda velocidad, como te gustaba cuando eras joven y no me conoc\u00edas.Para mi padre, conocerme fue una profunda decepci\u00f3n, uno de los peores fracasos de su vida, una amargura sin remedio. Soy su hijo mayor, llevo a cuestas su nombre. Sin embargo, no me parezco a \u00e9l, soy id\u00e9ntico a mi madre. Mi padre se avergonzaba de que yo fuese tan delicado, tan t\u00edmido, tan sensible y afeminado. No pude ser un toro bravo como \u00e9l, lo defraud\u00e9, en lugar de toro, le sal\u00ed pavo, y ni siquiera pavo real. Me escup\u00eda palabras incendiarias y me daba correazos en las nalgas cuando yo era un ni\u00f1o porque quer\u00eda destruir a golpes todos los rasgos de mi car\u00e1cter que \u00e9l deploraba. Quer\u00eda que yo fuera macho como \u00e9l, violento y pistolero como \u00e9l. Lo intent\u00f3 por las buenas y por las malas. Fracas\u00f3. Fracasamos. Yo era su hijo afectado, su hijo asustado. Yo era el que se escond\u00eda de \u00e9l, el que escapaba de \u00e9l. Escapando de \u00e9l, me hice famoso. Escapando de \u00e9l, busqu\u00e9 en otros hombres el amor que \u00e9l no pudo darme y anunci\u00e9 que me hab\u00eda enamorado de un joven de origen argentino. Para mi padre, que yo, su hijo mayor, el que cargaba a duras penas su nombre, dijese p\u00fablicamente, con orgullo, que ten\u00eda un novio argentino, y me dejase retratar sin pudores con ese joven, lo conden\u00f3, me temo, al peor fracaso de su vida, un fracaso que no s\u00e9 si pudo perdonarme cuando estaba muri\u00e9ndose. Por eso, \u00e9l detestaba todo lo que yo hac\u00eda, mis libros, mis programas, mis columnas, y me lo dec\u00eda con un rencor antiguo, incurable, procurando que yo me avergonzase de m\u00ed mismo, como \u00e9l se avergonzaba de m\u00ed.Con mi madre, una santa, a veces nos hemos distanciado, pero, en general, nos llevamos bien, porque me parezco a ella. Ahora estamos distanciados, pues los pol\u00edticos religiosos, conservadores, antiliberales que ella apoya, son precisamente los que yo deploro. Eso abre una grieta entre nosotros. Ella cree que me he vuelto de izquierdas porque no voy a misa, no me confieso, no comulgo y no rezo lo suficiente. No s\u00e9 si me he vuelto de izquierdas, pero los pol\u00edticos que ella defiende y hasta financia me resultan odiosos, insufribles. Cuando era un ni\u00f1o, era tan feliz rezando con mi madre, comulgando despu\u00e9s de ella, arrodill\u00e1ndome a su lado. Despu\u00e9s descubr\u00ed el deseo er\u00f3tico y eso perturb\u00f3 el orden natural de las cosas entre nosotros. Cuando yo dec\u00eda que, adem\u00e1s de las mujeres, me gustaban tambi\u00e9n los hombres, mi madre sufr\u00eda, se avergonzaba y me dec\u00eda: est\u00e1s confundido porque has dejado de rezar. Cuando anunci\u00e9 que ten\u00eda un novio argentino, mi madre y yo dejamos de vernos un tiempo largo, pues ella no quiso conocer a mi novio, recibirlo en su casa. Curiosamente, me dec\u00eda que yo era el m\u00e1s viril y varonil de sus ocho hijos, lo que provocaba ruidosa hilaridad entre mis hermanos. Mi madre rezaba para que yo fuese viril y varonil. De pronto, contra todo pron\u00f3stico, me alej\u00e9 de mi novio y me enamor\u00e9 de la mujer que hace quince a\u00f1os es mi esposa. Despu\u00e9s de tantos sufrimientos y tantas verg\u00fcenzas que le hab\u00eda infligido a mi madre con mis amores, mis libros, mis programas y mis columnas, parec\u00eda que ella hab\u00eda triunfado, por fin. Pero su victoria final no consist\u00eda en que yo tuviera una esposa y fuese feliz con ella. El sue\u00f1o m\u00e1s caro que ten\u00eda reservado para m\u00ed era que yo entrase en pol\u00edtica y fuese presidente del pa\u00eds. Desde ni\u00f1o, me dijo que ese era mi destino, servir a los dem\u00e1s desde la pol\u00edtica. Lamentablemente, no he podido complacerla. No he nacido para ser presidente. Soy un escritor. Morir\u00e9 siendo un escritor. Morir\u00e9 antes que mi madre. Pero, para ella, que yo sea un escritor, y no el presidente de la rep\u00fablica, es un fracaso, uno m\u00e1s en mi existencia.Cuando recuerdo que me quedan diez a\u00f1os de vida, poco m\u00e1s, poco menos, me digo que debo publicar tres novelas antes de irme: una, inspirada en el t\u00edo adinerado que en tiempos lejanos supo quererme y, en v\u00edsperas de morir, disgustado por mis escritos, me deshered\u00f3; otra, voluminosa y pecaminosa, los recuerdos de la familia, la sagrada familia; y la \u00faltima, si me alcanza el coraje, la tard\u00eda evocaci\u00f3n de un amor imposible que, sin embargo, me dur\u00f3 la vida entera y acab\u00f3 en tragedia.Tras despedirme de mi esposa y de nuestra hija adolescente al emprender cada uno de los viajes innecesarios e in\u00fatiles a los que me obligo en el af\u00e1n de llegar al coraz\u00f3n de m\u00e1s lectores que hablen la noble lengua espa\u00f1ola, pienso que esa es la vida que libremente elijo y que, por consiguiente, es la muerte, o son las muertes, que libremente elijo tambi\u00e9n: muero un poco en los atascos del tr\u00e1fico, en las filas serpentinas de los aeropuertos, en la angustia de los vuelos demorados, en las plegarias que elevo en los aviones, en las noches solitarias, desveladas, en hoteles de cuatro estrellas. Mi mayor riqueza son el tiempo y la libertad. No quiero malgastarla. Diez a\u00f1os pasan volando. En mi caso, literalmente volando. Llevar\u00e9 mi palabra, mis palabras, adonde me esperen y adonde no. Despu\u00e9s, con suerte, ellas, mis palabras, volar\u00e1n solas.<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi padre muri\u00f3 con setenta y un a\u00f1os. Mi abuelo tambi\u00e9n muri\u00f3 a los setenta y tantos. Yo arrastro sesenta y uno. Ser\u00eda temerario suponer que llegar\u00e9 a los ochenta a\u00f1os, un umbral que mi padre y mi abuelo no alcanzaron a cruzar. Ser\u00eda prudente pensar que me quedan diez a\u00f1os de vida. 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