'The Black Mirror Experience' es el paso que la realidad virtual necesitaba para ir más allá de la atracción de feria (aunque a veces se quede en remedo de ChatGPT)

Por más que algunos se empeñaran en que la realidad virtual iba a ser el futuro del cine y los videojuegos, de momento, ponerse un casco para vivir una aventura sigue siendo algo de nicho, una divertida rareza más similar al tenderete de feria que a algo que disfrutar diariamente. No ayuda, claro, que la mayoría de «experiencias» que nos han llegado bajo previa entrada han dejado mucho que desear, mostrando aventuras muy simples cuya gracia no va más allá de vivirlas de manera subjetiva. Y entonces llegó ‘The Black Mirror Experience’.

Usar la IA contra la IA

Como habréis notado, no puedo decir que, con lo que había visto hasta ahora, fuera el más fan de utilizar la realidad virtual como método para contar historias. Al fin y al cabo, las que había probado con más público presente (o sea, al margen de los títulos específicos para los dispositivos personales que disfrutar en solitario) carecían del desarrollo de una película y de la interacción de un videojuego. La sorpresa de caminar por un escenario y ver cosas, sin poder hacer nada más, dura poco, y en un público sobreestimulado es difícil llamar la atención con solo un simple truco.

Por eso estoy tan apasionado con ‘The Black Mirror Experience’, que utiliza la licencia de la serie de Netflix para meterte de lleno en la experiencia y llevar la experiencia comunal a la personal utilizando la voz, los gestos e incluso tu apariencia física, con alguno de los momentos más pretendidamente bizarros del año. La aventura tiene más sentido que nunca, evoluciona de formas impensables, consigue hacerte creer que estás dentro de su mundo y, aunque no te permite tomar tantas decisiones como debería (solo hay una realmente importante, justo al final), sí que resulta siempre sorprendente a todas luces.

No en vano ganó una mención especial del jurado en Cannes, lo que ya asegura que pasa del simple artificio. Para ello, ‘The Black Mirror Experience’ utiliza herramientas de la odiada (por mí, claro) IA generativa, tanto para simular diálogos reales como para «redibujar» tus obras con el estilo de otros artistas. Paradójicamente, la historia trata también del peligro de la IA y su inevitable imitación de una conciencia humana, utilizando todos los tópicos del género pero refrescándolos gracias a una personalización inaudita. Personalmente, estos fueron los momentos de la experiencia que menos disfruté, con resultados muy inesperados pero, racionalizándolo, no tan distintos de los que podría dar un ChatGPT al uso.

El mundo del mañana, hoy

Pero la experiencia ‘Black Mirror’, que puedes probar en el Espacio Delicias de Madrid, va más allá de la aventura personalizada con casco. De hecho, parte del motivo de su éxito es toda su parte introductoria, donde simulan una tienda de Phaethon repleta de anuncios y modelos creados ex profeso, añadiendo información sobre el LifeAgent que tendrá importancia vital en la trama. Cuando llega la hora de ponerte el casco, ya estás totalmente dentro de una trama inmersiva que, si bien es cierto que podría ser mucho mejor (es, a ratos, excesivamente amable para llegar a todo el mundo sin asustar a nadie), salva los muebles sin problemas.

Mirror

‘The Black Mirror Experience’ es un buen paso firme a la hora de convertir la realidad virtual en algo más que una barraca comparable al kinetoscopio de Edison hace más de un siglo. Es emocionante, único, divertido y lo suficientemente profundo como para nunca pensar que todo está pasando en el interior de un casco. Si nunca lo has probado, es, probablemente, la mejor experiencia posible para disfrutar en grupo, aunque por momentos parece ser algo más: la primera piedra de algo que puede ser mucho más grande y que se está construyendo poco a poco.

No sé si la realidad virtual será mainstream alguna vez (supongo que cuando la experiencia no pase de 15 euros por persona), pero esta versión de ‘Black Mirror’ es un buen ejemplo de que lo importante no es el formato en el que se cuenten las historias, sino la imaginación que se pone tras ellas. Hay ganas de crear algo nuevo tras este mundo, y solo por eso merece la pena acercarse a comprobarlo. ‘Black Mirror’ nunca fue tan parecida a ‘Black Mirror’.

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La noticia

‘The Black Mirror Experience’ es el paso que la realidad virtual necesitaba para ir más allá de la atracción de feria (aunque a veces se quede en remedo de ChatGPT)

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por

Randy Meeks

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