El respiro que millones de consumidores españoles experimentaron al recibir su factura eléctrica el mes pasado, tal y como informamos en ADSLZone, podría tener una fecha de caducidad mucho más cercana de lo que a todos nos gustaría. Mientras la atención mediática se va a los movimientos geopolíticos y militares, los mercados energéticos ya están empezando a dar por hecho un escenario de alta volatilidad.
La escalada de tensión en Oriente Medio es una amenaza directa a la estabilidad económica de nuestros hogares y negocios, en concreto a la luz.
Situación en febrero
Según la información facilitada por expertos sobre la situación del mercado, el precio de la luz experimentó una notable bajada durante el mes de febrero, pero esto podría haber sido solo un espejismo. El motivo principal que hace tambalear esta tranquilidad está en la actual crisis de Oriente Medio, tras los ataques de Trump a Irán, dado que tiene el potencial de bloquear el acceso a materias primas energéticas como el petróleo y el gas natural.
En un sistema marginalista como el europeo, donde la última tecnología en entrar para cubrir la demanda es la que marca el precio de todas las demás, la dependencia del gas es el punto flaco de nuestra economía. De hecho, esta inestabilidad geopolítica no es una simple hipótesis de futuro, sino que ya ha comenzado a reflejarse en los gráficos. Los analistas advierten que ya se han notado fuertes subidas en el mercado mayorista durante los primeros días de marzo.

Es cierto que, por el momento, estas preocupantes subidas de precio afectan únicamente a las horas centrales del día, pero son un claro síntoma de nerviosismo en las plazas financieras. Cualquier rumor de bloqueo en las rutas comerciales de hidrocarburos dispara automáticamente la cotización de los futuros energéticos, un sobrecoste que acaba trasladándose invariablemente al consumidor final.
Los pantanos son clave
Pero si todavía las facturas no se han disparado, gran parte de la responsabilidad la tienen los pantanos. En estos momentos, el mercado está siendo fuertemente sostenido y amortiguado por la energía hidroeléctrica. Las recientes lluvias han permitido que las reservas de agua alcancen niveles como hacía mucho tiempo que no se veían, lo que ha generado un efecto tapón frente a las tensiones internacionales.
Esta situación obliga a las compañías eléctricas a desembalsar agua de forma continuada y, por consiguiente, a ofertar esa electricidad en el mercado a precios muy bajos. Sin embargo, ese agua se acabará, y la advertencia de los expertos es que cuando bajen las reservas de los pantanos y las compañías ya no se vean obligadas a desembalsar, los precios se dispararán. Será en ese preciso instante cuando las consecuencias reales de la subida del gas internacional se notarán con mucha más crudeza en nuestro recibo.