
En una nueva entrevista con la revista Guitar Player, Ritchie Blackmore, el legendario guitarrista de Deep Purple y Rainbow, ha hablado sobre los problemas de salud que llevaron a la suspensión de cuatro conciertos de su proyecto Blackmore’s Night “por motivos médicos”.
Ha dicho Ritchie (80 años): “Ahora mismo me estoy tomando un poco de descanso y viendo a un montón de médicos por varias dolencias. Tuve un ataque de vértigo jodido en nuestra última pequeña gira y tuve que cancelar. A pesar de tener problemas de corazón y de espalda, nunca había tenido una experiencia tan horrible como ese ataque de vértigo. No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Empezó con un virus que aparentemente estaba en los oídos y me alteró el equilibrio. Después de esto he llegado a la conclusión de que odio viajar. Lo he odiado desde que era niño y viajaba con mi madre cuando íbamos a Bristol y Bath (Inglaterra), donde vivían mis parientes. Cada vez que nos montábamos en el autobús, yo vomitaba sobre el pasajero de delante. Ahora parece que tengo una fobia a estar encerrado en un coche o una furgoneta o cualquier cosa que se mueva”.
Sobre la posibilidad de volver a tocar en directo, Blackmore ha comentado: “Como vivimos en Long Island [Nueva York], espero que podamos organizar algunos conciertos en salas pequeñas de la zona y así no tendría que viajar más de una hora”.
El pasado noviembre, apenas unos días después de que se anularan los conciertos de Blackmore’s Night, Ritchie publicó un comunicado en el que decía que tenía “un largo historial de hernias discales lumbares y cervicales. Por eso, antes de una gira me ponen inyecciones en la espalda para ayudarme con el dolor. Recientemente he empezado a tener migrañas debilitantes, van y vienen muy rápido. Cuando veo la alteración visual de estas migrañas, sé que vienen”.
Sobre la última mala experiencia también dio detalles: “Cuando hicimos el largo viaje desde Pensilvania hasta Newton (Nueva Jersey) nos alojaron en un hotel donde había una boda y la gente estuvo de fiesta toda la noche hasta en los pasillos. No había calefacción en la habitación y las sábanas todavía estaban húmedas. Supongo que eso culminó en que me diera un ataque de migraña severo. No podía parar de vomitar. La habitación no dejaba de dar vueltas y estaba muy mareado hasta el punto de no poder mantenerme en pie. Llamaron a una ambulancia, me llevaron al hospital y me hicieron escáneres y otras pruebas. Los médicos llegaron a la conclusión de que mi diagnóstico oficial era vértigo severo. Los efectos duraron varios días. Ahora están estudiando la gravedad de estas migrañas”.