
El rock, por desgracia, repite muchas fórmulas. ¡Qué le vamos a hacer!, son muchas décadas y queda poco por inventar. Pero es bueno recibir un disco como el segundo de la carrera de Red Moon Yard, “Intineri”, porque este grupo juega otra liga. Intineri no sólo amplía el espectro sonoro de la banda asentada en Madrid, sino que afianza una identidad poco habitual: la de un grupo que conecta el pulso del rock llamado americano con una base conceptual profundamente espiritual. Eso sí, sin caer en el sermón… o como se diga dentro del ámbito budista, que es el de su líder Marcos F. Fermoselle.
Desde el arranque con “Run”, quizá la de más músculo y electricidad del disco, la que te engancha a la primera (acierto, por tanto, ponerla abriendo el LP), tendrás esa sensación de viaje, de movimiento constante. No es casualidad: Intineri —ese juego de palabras entre ‘itinerario’ e ‘interior’— funciona como una ruta emocional, espiritual, en la que cada canción abre una puerta distinta. “You and I” aporta un contrapunto más melódico y accesible con un estribillo de los que se quedan, mientras que “Hang out” rompe cualquier intento de encasillar al grupo desplegando un groove más suelto y rítmico.
Ya creemos haber escrito que hay ecos evidentes del rock de raíz americana, pero también encontrarás atmósferas envolventes y tempos contemplativos. La experiencia vital de Marcos Fermoselle, cuyo contacto pleno con el budismo impregna las letras, hace que en ellas descubras el concepto de lo efímero, de los ciclos, de la compasión… pero, creo, que siempre desde lo cotidiano. “Lama’s Song” es probablemente el momento más explícito y emocional del disco. Muy cerca queda “Inner”, una de las composiciones más introspectivas. Y luego está “She”, con la colaboración de Álvaro Urquijo (Los Secretos), que suma calidez y un punto de nostalgia a una canción que gana con cada escucha.
El tramo final tampoco baja el nivel. “This year is gone” crece hasta envolver al oyente con buenos arreglos, mientras que “After I think” introduce un poco más de crudeza. El cierre con “Un mundo sin final”, primer tema en castellano del grupo, funciona como epílogo natural, es coherente con esa idea de ciclo continuo que atraviesa todo el trabajo discográfico.
Intineri es coherente, puede que no busque el impacto inmediato ni el éxito fácil, pero lo que está claro que ofrece son canciones con poso, con intención y con alma. En tiempos de consumo rápido, Red Moon Yard propone detenerse, escuchar y mirarse un poco más hacia dentro.
Marta M. C.