Silent Hill f, estrenado el pasado septiembre, fue una entrega original diferente que se atrevió a cambiar algunos aspectos clásicos de la saga. Había muchas expectativas y al final consiguieron el éxito esperado, pero para su director esta presión supuso un gran estrés.
Al Yang ha comentado a PC Gamer que prácticamente no ha tenido una buena noche desde que firmó el proyecto para Konami hasta la publicación de los análisis, cuando la crítica -y luego los fans- confirmaron que estaba a la altura de esta querida saga de survival horror.
Un Silent Hill que tomaba riesgos
«Te presionas a ti mismo, porque si eres fan, sabes lo que quiere la comunidad. Pero al mismo tiempo tenemos limitaciones en cosas específicas, ya sabes, no solo en el presupuesto, sino también en la historia, en la ambientación, etc.», comentó a este medio en Game Developers Conference.
«Como fan, me pregunté: ¿Qué es lo que más quiero ver? ¿Qué es lo que más me importa? Y por eso, en mi charla [de GDC], hablé del ambiente. Hagamos lo que hagamos, esto es innegociable. No podemos cambiarlo. Aunque estemos modificando cosas, aunque sea una localización completamente diferente, tiene que ser reconocible para los jugadores de la saga«.
En nuestro análisis precisamente señalamos lo bien que Silent Hill f adaptó perfectamente la esencia habitual de la ficticia ciudad de Maine, Estados Unidos, a un pueblo japonés en la década de los 60.
Yang contactaba semanalmente para conocer las preocupaciones de cada parte, editora y desarrolladora (NeoBards), un diálogo constante porque al final la conclusión es que ambos querían crear el mejor juego posible con los recursos de los que disponían.