Tener un teléfono fijo en casa era algo muy común hace una década. Sin embargo, a día de hoy, salvo si todavía viven personas mayores acostumbradas a él, la mayoría de gente que instala fibra por primera vez en un hogar, no solicita el fijo, incluso aunque sea gratis.

El motivo es simple, y es que con el SPAM y las pocas personas que pueden conocer ese número, usar uno fijo solo es un problema, ya que recibiremos llamadas molestas a cualquier hora que ni nos interesan, y bastante tenemos con el móvil, como para tener otro más.

Sin embargo, hay una razón por la que muchos quieren tenerlo de vuelta, aunque esté apagado o desconectado la mayoría del tiempo, y tiene mucha lógica, como veremos ahora.

Los teléfonos fijos: la solución a los apagones de luz

Hasta el año pasado, pensar en un apagón era difícil, ya que, como mucho, se iba la luz por una avería o una tormenta unos minutos, pero no creíamos que toda España se quedaría incomunicada por ello.

Sin embargo, tras lo ocurrido, muchos se dieron cuenta de que, aunque no había electricidad, los teléfonos fijos funcionaban, y es que estos no necesitan luz, y se mantienen operativos gracias a la propia red telefónica, que les suministra la energía suficiente para realizar y recibir llamadas. Esto los convierte en una herramienta muy útil en situaciones de emergencia, cuando todo lo demás falla.

Mientras que los routers, repetidores WiFi y estaciones base de telefonía móvil dependen completamente del suministro eléctrico, las líneas tradicionales de cobre mantienen un sistema independiente que puede seguir funcionando incluso durante cortes prolongados. Esto significa que, en un escenario en el que el móvil no tiene cobertura o la batería se agota, un teléfono fijo puede ser la única vía de comunicación disponible.

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