
Fue ver la portada de ‘Via Lucis’ y acordarme de inmediato de un tema de Loquillo; “Avenida de la luz” y de aquellos versos de Sabino Méndez que decían “el desierto empieza aquí. Es un buen lugar para acabar borracheras”. Y en esta misma línea de realismo sucio es como se desarrolla la segunda obra de Dimas PL -Dimas Pardo López- tras su debutante ‘Superground’, publicada en 2021 por Fagus Editorial.
La historia de un amor autodestructivo entre su alter-ego Dim Buller y una femme fatale llamada Tica García sirve de eje a una trama de sucesos traumáticos, situaciones peligrosas y ambientes sórdidos en la que se cruzan personajes variopintos del lumpen y la marginalidad.
La fijación con su disfuncional musa le hace volver una y otra vez a un monólogo interior constante y a menudo tortuoso, que camina parejo a una realidad cada vez más chocante y contradictoria. En este viaje introspectivo Dim/Dimas habla para sí mismo en soliloquios entrecomillados que por momentos parecen tener algo de autoficción.
El azar y el destino juegan a favor (o en contra, según se mire) de un protagonista que se reencontrará con su obsesión post-adolescente en una ciudad distinta, Bilbao, a la que por cierto describe con una mirada vérité por completo diferente a la propia y pulcra del Guggenheim. Un tercer personaje en discordia llamado Emma Sparks pondrá todo patas arriba en este triángulo amoroso que nunca termina de resolverse de manera definitiva.
Algunos secundarios de la trama se las traen y son propios de una película de cine negro, cuya mera intervención y sombría presencia nunca aventuran nada bueno. Incluso los desfases juveniles de los iguales se tornan fallidos y peligrosos. “Romper la ley” no siempre es fácil, amigos y amigas. “Jugar con el mal tiene sus códigos y hay que conocerlos para que funcionen, así es como se mastican las cosas en el mundo real”, diría Dim en una de sus reflexiones.
El incendio provocado que pone en marcha la dinámica de los primeros capítulos se extiende de algún modo al resto de la acción, siempre con las llamas de la pasión y la contradicción como reversos tenebrosos de una personalidad obsesiva y compleja. El antihéroe central es un universitario con carencias afectivas, que por momentos se acerca a una felicidad ocasional que no termina de aprehender por completo. Cuando todo parece ir a mejor, el destino se revuelve para castigar el breve brillo de la luz vital (esa ‘Via Lucis’ del título).
Mientras Dim trata de revertir el determinismo que parece regir su vida, el peso de los acontecimientos volverá una y otra vez a redibujar los caminos del futuro ya escrito. El último tercio de la novela juega con esa brújula para sorprender al lector/a con giros inesperados. En esta permanente estación de penitencia y redención hay mucho sexo directo, que no es sucio sino real -sobre todo cuando el onanismo se impone-, alcohol del sobrante en las copas ajenas y un universo nocturno muy afín a las canciones de los “perdedores” que tan certeramente han dibujado Tom Waits o Van Morrison.
No es literatura fácil, ya que cada frase plantea un desafío. Dimas PL maneja un campo léxico muy rico y efectivo, que caracteriza sus personajes y eventualidades imaginadas con quirúrgica precisión. Tiene una facilidad innata para las figuras literarias y las descripciones, aun a riesgo de priorizar la forma frente a la mera deriva narrativa. Como yo no soy crítico de literatura sino mero lector, solo diré que ‘Via Lucis’ ha iluminado mis últimas semanas con un embrujo oscuro y demoledor.
El libro fue publicado a finales del pasado año por la editorial D93 y suma unas 340 páginas.
Leo Cebrián Sanz