Unos minutos después de las nueve de la noche (y tras el sobresalto que nos dio la intro, con unos graves tan saturados que hicieron temblar la sala), los primeros compases de batería nos anunciaban la esperada salida a escena de La Perra Blanco, que había agotado el aforo del recinto muchos días antes del concierto para presentar en Madrid su nuevo disco, «Lovers & Fears«. Salió sólo con el micro, pero enseguida se colgó la guitarra y se puso a darle a las seis cuerdas como si le fuese la vida en ello. Y es que realmente está mujer se deja la piel, y la sangre, en cada bolo. Es alucinante ver cómo se mueve por el escenario mientras implica y arenga al público, agitándose y sacudiendo su instrumento sin piedad.

Con una formación de batería, teclados, contrabajo, saxo y ella a la voz y la guitarra, te montan una fiesta de rocanrol sin concesiones, del que te mueve del sitio aunque no quieras. Porque el resto de la banda no le anda a la zaga a la jefa, especialmente Guillermo, moviéndose con el contrabajo de un lado a otro de las tablas, ocupando el lugar de Gerard cuando esté dejaba el saxo para compartir teclados con Nelo, mientras Jesús marcaba el ritmo incansable en su otra esquina.

Agradeció la asistencia a sus cada vez más numerosos fieles, recordando su primer bolo en Madrid hace ya mucho tiempo, ante diez o doce personas en la sala Fun House. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, haciendo que valga la pena todo el esfuerzo realizado en estos años, porque ahora ya tenemos que empezar a considerar clásicos temas como «It’s fun but is wrong» y otros imprescindibles de su repertorio. Eso sí, aquí venía a demostrar que de su guitarra y de su corazón siguen saliendo canciones estupendas, de las que su nuevo disco, que repasó entero, está repleto: amantes y temores, amores y desamores que le sirven de inspiración y de hilo conductor para esta nueva colección de canciones.

No había pasado media hora cuando saltó a la pista por primera vez con la guitarra y una pandereta, despertando el entusiasmo en unas primeras filas ya bastante animadas. Por supuesto, nos presentó sus primeros temas en castellano, empezando con «Devil in my bed«, y nos dejó claro también su amor por el blues y hasta por el surf, con su nuevo instrumental «La furia«. «Sin amor» supuso un breve respiro dentro del imparable ajetreo, con todos al frente en primera línea del escenario, pero enseguida volvió a soltarse ese torbellino que, cual diablo de Tasmania, volvió a bajar una segunda vez a la pista (en este caso acompañada por el saxo) y hasta acabó subiéndose a los palcos de la sala, despertando serias dudas sobre la posibilidad de que saltase desde ahí mismo a la pista de nuevo, porque esta chica es incontrolable, imprevisible y realmente explosiva.

Hasta nos sorprendió con una canción inédita, «Goodbye baby«, antes de despedirse con su desparpajo, su simpatía, y con esa gracia y ese nervio que forman parte de su arte y de su forma de ser, con la verdad por delante y dando todo cada vez que se cuelga la guitarra y se sube al escenario. Por eso su apuesta gana enteros a cada concierto que da y su parroquia de fieles crece exponencialmente, porque si crees en lo que haces y sabes hacerlo bien, bien merecido tienes que la gente lo agradezca y lo reconozca.

Esto sí es perrear, y lo demás son tonterías. A tus pies, Alba. Keep on rockin’, baby.

Setlist: Raining Love / Three in the morning / Treat me like a man should do / It’s fun but it’s wrong / Number One Fool / Down and Bound / Devil in my bed / Sin amor / Hold me / I feel fine / Why don’t you love me / La furia / I need your lovin’ (nai no nai no na) / Goodbye Baby / Barracuda / Magic Sam // Supersonic lover / New lover

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