Acaba de terminar el concierto en el Palau de la Música Catalana, con el público en pie y él repartiendo sonrisas. En su camerino lo espera un reducido grupo de amigos mientras los responsables de la sala acuden para darle la enhorabuena. Han sido dos horas y media solo sobre el escenario, para interpretar las enormes ‘Suites’ de Bach, colección que ha paseado por todo el mundo y que ya ha grabado en dos ocasiones, dos versiones que se consideran de referencia absoluta. A puerta cerrada, sigue prodigando alegría. Le pregunto, directamente, cómo puede sonreír así en lugar de estar muriéndose de cansancio tras esta maratón. —Tocar estas suites es siempre una experiencia muy intensa. Sí, tienes que dar mucho en términos de concentración, energía… Pero también recibes tanto… Dentro de una hora o una hora y media colapsaré y no podré ni hablar, pero ahora estoy todavía con esa energía, y me siento afortunado de tener este trabajo… Se para un momento a pensar, y lanza una pregunta: «¿Es esto un trabajo? Compartir con la gente esta música increíble con tanta inventiva durante dos horas y media…». La música de Bach le fascina. No solamente las ‘Suites’ para su instrumento. Sus padres ya eran muy aficionados a Bach, y él se siente afortunado por ello, y también porque entonces no entendían nada de alemán: «No entendíamos ni una palabra del texto, pero la calidad dramática de la música era suficiente para nosotros. Eso experimenté como niño, y es lo que hago con mi violonchelo».A sus estudiantes, les recomienda que «si quieren aprender a tocar las suites Bach, escuchen las cantatas, las Pasiones, la música vocal. Las suites son una cantata para violonchelo. Hay personajes, atmósferas, es una música muy retórica, explica una historia». Además, son unas obras que trascienden al propio instrumento: «Me sigue pareciendo increíble que Bach decidiese escribir algo que tiene la duración de una ópera, dos horas y media, para un solo instrumento de cuatro cuerdas. Y logra que estemos atentos, y siempre nos parece diferente».Instrumento imperfectoDesde hace poco tiempo, esta diferencia la marca también el hecho de poder interpretarlas en el mítico violonchelo ‘Kaiser’. Lo creó Antonio Stradivari en 1707, cuando Bach tenía 22 años y todavía no había compuesto las ‘Suites’. A los Stradivarius los envuelve un aura casi mágica, pero Queyras señala que este «no es un instrumento perfecto». El valor que tiene no es ese, sino justo lo contrario. «Hay algunos rincones, algunas notas… Es como una pareja. Tú no estás con alguien porque sea perfecto. Yo no soy perfecto. ‘Kaiser’ tampoco. Pero estamos juntos en este viaje». La clave, dice, es que «tiene alma». «Lo tocas y tienes la sensación de que es una voz humana. Es frágil. No es perfecto. Es humano».A la lista de imperfecciones, añade que el ‘Kaiser’ no es un instrumento especialmente potente, pero para él no es un problema. «Me gusta tocar piano», dice, y en seguida viene a la cabeza la ‘Sarabanda’ de la ‘Suite’ número 5 que acabamos de escuchar: un auténtico susurro. «La profundidad de la música es esa zona en que está muy próxima al silencio. Creo que está en los momentos en los que estamos en ese límite. En esa ‘Sarabanda’ te preguntas qué es la vida, qué es la música, qué es el silencio». —Habiendo convivido con las ‘Suites’ durante tantos años, ¿hay algún día en que no piense en Bach?—[Piensa unos segundos, hasta que se le escapa una carcajada] Me viene a la cabeza una metáfora estúpida… Hay esa teoría según la cual los hombres pensamos en el sexo cada siete segundos. Alguien ha hecho estudios serios sobre el tema. Probablemente, yo pienso en Bach cada siete segundos, aunque no me dé ni cuenta.—No esperaba esta respuesta.—Ni yo. Ha venido así.
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