
HONDO: el camino de vuelta a Madrid
Hay carreteras que no se recorren hacia delante, sino hacia dentro. La imagen que anuncia HONDO Fest —un coche descapotable de espaldas, dos siluetas mirando un cielo cuajado de estrellas, las luces de la ciudad difuminándose en el retrovisor— podría ser el cartel de una road movie cualquiera. Pero el nombre ya avisa de que el trayecto no es horizontal: es un descenso. Un festival que promete llevarnos hondo, adentro, a la raíz.
El 17 de septiembre de 2026, The Music Station Príncipe Pío se convierte en la parada de ese viaje. Y no es casualidad que el lugar elegido sea una antigua estación: HONDO también habla de partidas y de llegadas, de lo que se deja atrás para reencontrarse con algo más verdadero.
Un mapa de voces, no un cartel de nombres
Leer el line-up de HONDO es como leer un árbol genealógico del flamenco contemporáneo.
Remedios Amaya y Kiki Morente sostienen la memoria; Soleá Morente, Nani Cortés, Pastora Galván y Samara Amaya la continúan; Tomasito, Chanela Clicka, Lin Cortés, El Madriles, Curro Carrasco (Navajita Platea), La Junquerita, Junquera Fernández, Ané Carrasco, Maloko Soto, Paco Vega y Joselete Musho Gitano la empujan hacia delante, hacia lugares que el flamenco aún no ha nombrado del todo.
No es un cartel pensado para llenar un aforo: es una conversación entre generaciones que comparten el mismo compás pero no el mismo acento. HONDO no programa nostalgia ni programa moda. Programa linaje.
Madrid, escenario y ciudad a la vez
Warner Music, The Music Station Príncipe Pío y Alhambra sostienen la estructura del festival, con Jaleo como partner benéfico. Pero el corazón —el motivo por el que este viaje merece hacerse— está en su compromiso con la Fundación Contigo, en la lucha contra el cáncer de mujer.
HONDO no separa la fiesta de la causa: las hace viajar en el mismo coche.
Y ese gesto conecta con algo que su cofundadora y directora, Soraya Cadalso Ruiz, define con una precisión que solo da la experiencia de haber conducido el proyecto desde cero:
«Ha sido complicado, hermoso y completamente necesario. Como casi todo lo que merece la pena.»
Complicado, porque construir algo hondo nunca es construir algo fácil. Hermoso, porque el resultado —un cartel que cruza a Remedios Amaya con Chanela Clicka, la tradición con la disidencia— tenía que serlo. Y necesario, porque Madrid llevaba tiempo esperando un festival que no tratara el flamenco como folclore de escaparate, sino como un lenguaje vivo que sigue mutando.
Cadalso Ruiz remata la idea con una frase que podría ser el eslogan silencioso del festival:
«Madrid era nuestra ciudad antes de ser el escenario de HONDO. Ahora es las dos cosas.»
Ahí está, quizás, la clave de todo el proyecto: HONDO no llega a Madrid como quien monta un decorado ajeno a la ciudad. Llega como quien vuelve a casa con el maletero lleno de nombres propios, dispuesto a que la ciudad y el festival dejen de poder pensarse por separado.
La cita, ese 17 de septiembre
Cuando las luces de Príncipe Pío se enciendan esa noche, el viaje que empezó en un cartel —dos siluetas, un cielo estrellado, una carretera sin final visible— llegará a su destino. O quizás no: quizás HONDO, como todo lo hondo, no tiene final, solo profundidad.
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Redacción: Paola Córcoles
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