Fecha: 6 de marzo de 2026
Lugar: Sala But, Madrid
Texto: Álex García
Hay noches en las que el rock no se explica, se padece y se disfruta a partes iguales. El pasado viernes, la madrileña Sala But no era solo un recinto de conciertos; era una olla a presión esperando la chispa adecuada. Y la chispa, amigos, tiene nombre y apellidos: Iñaki “Uoho” Antón. Pero cuidado, que nadie se equivoque. No veníamos a un ejercicio de nostalgia barata ni a un tributo autocomplaciente. Veníamos a ser testigos del Rebrote, y lo que brotó allí fue una mala bestia de puro Rock and Roll.
Desde que se anunció que el legendario guitarrista de Platero y Tú y Extremoduro ponía en marcha este nuevo proyecto, la expectación era máxima. Madrid, que siempre tiene hambre de guitarras afiladas, agotó las entradas con la rapidez de quien sabe que está ante algo importante. A las siete de la tarde el ambiente en los alrededores de la But ya olía a cuero, sudor y a esa urgencia eléctrica que solo el rock de la vieja escuela sabe generar.
Cuando las luces se apagaron y la banda tomó posiciones, quedó claro que Rebrote es un ente con identidad propia. Iñaki, con esa pose eterna de quien ha nacido con una guitarra pegada al pecho, capitaneó una formación que suena como un bloque de hormigón cayendo desde un décimo piso. La entrada fue directa al mentón. Sin concesiones. El sonido, nítido y con ese «punch» característico que solo Uoho sabe darle a la mezcla, nos envolvió desde los primeros acordes de un setlist que equilibró perfectamente la novedad con el legado.
La voz de la banda —ese descubrimiento que nos ha dejado a todos con la boca abierta— demostró que tiene el desgarro necesario para defender temas nuevos que nacen con aroma a clásico. Hubo momentos de una intensidad salvaje, donde los desarrollos instrumentales nos recordaron por qué Iñaki es el arquitecto del sonido del rock urbano en este país. No es solo técnica; es alma, es saber cuándo dejar que la nota respire y cuándo golpearte con un riff que te sacuda las entrañas.
El equilibrio perfecto
Lo mejor del concierto fue, sin duda, la honestidad. No hubo trampa ni cartón. Escuchar las nuevas composiciones de Rebrote en directo es entender que el rock sigue vivo si se hace con esta víscera. Los temas nuevos funcionaron como un tiro, conectando con un público que, a los tres estribillos, ya los coreaba como si llevaran diez años en su reproductor.
Por supuesto, hubo espacio para los guiños. Es inevitable que el ADN de Iñaki aflore, y cuando cayeron esos arreglos que tanto nos recordaron a la época dorada de los Platero, la sala se convirtió en un coro unísono. Pero lo importante aquí es que Rebrote no necesita muletas. Tienen canciones, tienen hambre y, sobre todo, tienen a un Iñaki Antón que parece haber rejuvenecido veinte años sobre las tablas.
> «En Madrid hay mucho rock and roll si Rebrote está en la ciudad», se escuchaba a la salida. Y no es una frase hecha. Es una realidad constatada tras una hora y media de catarsis eléctrica.
El debut de Rebrote en Madrid fue un triunfo absoluto. Fue la demostración de que el rock no entiende de modas, sino de autenticidad. Uoho ha vuelto a hacerlo: ha montado una banda que suena a verdad, que muerde y que nos deja con ganas de más. Mucho más. Si el Rebrote acaba de empezar, prepárense, porque la que se nos viene encima va a ser de órdago.
Madrid ya está rendida. Ahora les toca a ustedes. Larga vida al Rebrote.
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