'El día de la revelación' demuestra que no existe ningún cineasta en activo capaz de narrar en imágenes como Steven Spielberg

Por mucho que intentemos, algunos con más ahínco que otros, intelectualizar el cine y lugar la carta de lo racional al enfrentarnos y, posteriormente, analizar un largometraje, al final del día lo único que prevalece es lo que gira en torno a las sensaciones más puras y viscerales. A cómo una sala a oscuras con una pantalla gigantesca se convierte en una suerte de portal que nos traslada fuera del mundo que nos rodea durante un par de horas.

Alcanzar este logro, que bien podría situarse en el epicentro de lo que se conoce como «la magia del cine», está solo al alcance de unos cuantos privilegiados, generalmente artesanos del noble arte de narrar en imágenes en movimiento. Un selecto grupo que Steven Spielberg sigue presidiendo tras casi seis décadas en activo, alzándose como uno de los últimos grandes maestros del escapismo cinematográfico que nos quedan.

No hay otro igual

Con su recién estrenada ‘El día de la revelación’ (‘Disclosure Day’), el Rey Midas de Hollywood ha vuelto a explorar su fascinación con el espacio, los extraterrestres y nuestra existencia en medio de un vasto universo en el que es estadísticamente improbable que estemos solos. Una serie de cartas con las que ya ha encandilado a públicos de diferentes generaciones y que, en esta ocasión, sirve en un cóctel de thriller con alma setentera, acción de primera, despuntes de comedia y ese aura de fascinación inherente a su obra.

El resultado, en líneas generales, podría definirse como una especie de producción complementaria a su magnífica ‘Encuentros en la tercera fase’ (‘Close Encounters of the Third Kind’) de 1977, confeccionada para satisfacer las necesidades de los espectadores actuales, haciéndola más accesible en términos de lenguaje audiovisual y ritmo. Ciertas concesiones en nombre del espectáculo que no emborronan bajo ningún concepto un conjunto más que notable.

Hay que reconocer que ‘El día de la revelación’ —y, particularmente, el libreto de David Koepp— hace necesaria una compenetración tan completa y estrecha con su contenido, así como dejarse llevar sin cuestionar demasiado elementos como la coherencia interna de algunos personajes y sus decisiones; todo ello para hacer prevalecer a la siempre indispensable suspensión de la incredulidad, que mantiene el relato firme sobre unos cimientos que podrían tambalearse con una mirada mínimamente cínica.

Disclosure

Pero esto, sumado a algún patinazo puntual a la hora de tratar los temas habituales sobre la fe y la espiritualidad que abraza el director —por suerte no demasiado obvios ni con intención moralizante—, se elevan como los únicos y perdonables puntos flacos de un título que, encuentra en la mano de Steven Spielberg y su irrefrenable talento como narrador su gran virtud.

La puesta en escena de la cinta es, simple y llanamente, descomunal. Los oners imposibles con diferentes tipologías de plano condensadas a través de un solo movimiento de cámara, los encuadres perfectos, la elección milimétrica de cada composición, cada focal y cada desplazamiento de los intérpretes dentro del cuadro… todo esto deja claro que no hay ningún realizador en activo capaz de articular narrativas visuales como estas, que transmiten puro nervio cuando se entregan a la acción y que canalizan la emoción más pura cuando se vuelcan en el drama.

A todo esto hay que sumar la presencia de un reparto coral fantástico y entregado al 100 % a la causa en el que, sobre unos Colin Firth y Josh O’Connor impecables, destaca una Emily Blunt extraordinaria que tendría la nominación al Oscar a la mejor actriz principal asegurada de estar hablando de otro tipo de producción; destacando por igual cuando se entrega a un registro más cómico que en los pasajes más crudos y emotivos —su momento a bordo del tren es totalmente sobrecogedor—.

‘El día de la revelación’ es una nueva muestra, en su máximo exponente, de ese cine que lleva décadas haciendo que muchos nos enamoremos del medio. Una película espectacular que te abraza, te atrapa y no te deja escapar para hacerte olvidar durante 145 minutos que existe una realidad fuera de la sala de proyección; algo denostado por muchos, pero que termina formando parte del mismo núcleo del séptimo arte.

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‘El día de la revelación’ demuestra que no existe ningún cineasta en activo capaz de narrar en imágenes como Steven Spielberg

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por

Víctor López G.

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