Para Gracie Abrams (Los Ángeles, 1990), la etiqueta de artista emergente se le ha ido quedando cada vez más y más pequeña. Lo que comenzó con garabatos en un cuaderno usado y canciones improvisadas a los ocho años, ya se ha transformado en estudios de grabación equipados a todo lujo y giras mundiales con aforo completo. Un cambio que resume años de trabajo, mucha –demasiada– voluntad y una cantidad imposible de talento. Este viernes, que estrenó su nuevo álbum Daughter From Hell, esa transformación pareció volverse mucho más evidente.

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