El calendario astronómico de este año nos reserva una de las citas más espectaculares y cargadas de misticismo para dar entrada al verano. El firmamento nocturno se prepara para acoger el plenilunio de junio, un fenómeno que, además de ser asombroso, lleva consigo una importante carga histórica y de tradición.
Teniendo en cuenta que las noches templadas y la habitual estabilidad atmosférica que ya se ha instalado en la península dibujan un escenario inmejorable, es clave conocer la fecha y hora exacta desde la que se podrá disfrutar de un acontecimiento tan singular como colorido.
Luna llena de junio
Uno de los errores más comunes es esperar que la luna cogerá tonalidades rojizas o rosadas durante este evento, ya que la realidad es que mantendrá su característico brillo blanquecino y plateado. Las variaciones de color solo se producen durante los eclipses lunares o debido a la dispersión de la luz en la atmósfera cuando el satélite se encuentra muy cerca del horizonte, filtrando los tonos azules a través del polvo y la humedad en suspensión.
El verdadero origen de que este fenómeno se llame «Luna de Fresa» no tiene que ver con la parte científica, sino con la parte cultural. Según los datos históricos recopilados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la denominación procede de las antiguas tradiciones de los pueblos nativos norteamericanos, concretamente de las comunidades indígenas de Canadá. Estas tribus utilizaban el mes sinódico (el ciclo de 29,5 días en el que la Luna pasa de Nueva a Llena) como un indicador agrícola infalible, ya que marcaba el inicio exacto de la temporada de recolección de las fresas silvestres. En el continente europeo, al carecer de este referente agrícola americano, el fenómeno ha recibido históricamente nombres alternativos como «Luna de rosas» o «Luna caliente», estrechamente vinculados a la floración estival y al aumento progresivo de las temperaturas en el hemisferio norte.

Cuándo y desde dónde verla
Para disfrutar de la plenitud del fenómeno no se requerirá el uso de instrumentos ópticos como telescopios o prismáticos profesionales. Bastará con localizar un punto con baja contaminación lumínica, preferiblemente alejado de los grandes núcleos urbanos, y contar con una visual despejada hacia el horizonte este.
El satélite alcanzará su fase de oposición exacta, es decir, el alineamiento geométrico perfecto donde la Tierra se sitúa directamente entre el Sol y la Luna, iluminando por completo la cara visible del satélite, en un momento muy concreto de la madrugada: