Seamos honestos: además de tu smartphone, probablemente no haya otro dispositivo que pase más tiempo en contacto directo con tu cuerpo que tus auriculares.
Ya sean esos clásicos con cable que están volviendo a la moda o los modernos inalámbricos, los introducimos en nuestros oídos a diario, a menudo sin pensar en las consecuencias. Y es que, al igual que no compartirías tu cepillo de dientes, deberías tener la misma conciencia sanitaria con tus pequeños dispositivos de audio.
Por esto es importante limpiar los auriculares
La razón principal para limpiarlos va mucho más allá de la estética. Los auriculares, por su diseño de inserción, actúan como imanes para el cerumen, el sudor, el polvo y, lo que es más alarmante, para las bacterias.
Diversos estudios han demostrado que estos aparatos pueden albergar colonias de estafilococos. Incluso se ha llegado a sugerir que acumulan más gérmenes que el fregadero de tu cocina. Ignorar esta acumulación no solo es antihigiénico, sino que puede derivar en infecciones en el oído externo que terminan siendo molestas.
¿Cada cuánto deberías limpiarlos? Todo depende de la intensidad de uso

Ahora bien, la frecuencia de la limpieza no es una ciencia exacta y depende de tu estilo de vida. Si eres de los que usa sus auriculares a diario, ya sea para escuchar música en el trayecto al trabajo o para realizar tu rutina de ejercicio, lo ideal es darles una pasada rápida al menos una vez a la semana. Esto implica simplemente retirar el exceso de suciedad visible.
Para un usuario promedio, establecer una rutina de limpieza más profunda una vez al mes es suficiente para prevenir la temida acumulación de residuos. Esta masa de mugre no solo es antiestética, sino que puede llegar a obstruir las rejillas y afectar la calidad del sonido. Un buen truco es vincular esta tarea a otro hábito que ya tengas, como cuando limpias la pantalla de tu móvil o tu ordenador.
Ahora bien, ¿cómo resulta mejor limpiarlos? Fácil. Olvídate de productos agresivos y opta siempre por toallitas o sprays sin alcohol. Puedes usar un bastoncillo de algodón seco para las rejillas de los altavoces y el micrófono, y un cepillo de dientes de cerdas suaves (nuevo, por favor) para desprender la suciedad más rebelde. Para las superficies, un paño de microfibra que no suelte pelusa hará maravillas.
Si la suciedad persiste, humedece ligeramente el paño con agua destilada y una gota de jabón suave. En el caso de que tus auriculares tengan almohadillas de silicona, puedes retirarlas y sumergirlas en agua tibia con jabón.
No olvides prestar atención al cable si usas unos con cable, y si tu dispositivo es inalámbrico, su estuche de carga también necesita cariño: un paño para el exterior y un bastoncillo seco para los puntos de carga del interior.
Al final, dedicar unos minutos al mes a esta rutina no solo protege tu salud auditiva, sino que alarga la vida de tus queridos auriculares. Así que ya sabes, dales ese pequeño mantenimiento que merecen y tus oídos (y tu música) te lo agradecerán.
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