Si eres usuario gamer, probablemente te habrá pasado alguna vez que gastas bastante dinero en un monitor que ofrece una bestial tasa de refresco de 144 Hz, 165 Hz o incluso más, dándote una importante ventaja competitiva en juegos online. Pero una vez lo tienes montado en tu setup, notas que la experiencia de juego es prácticamente igual que con tu viejo monitor.
Y realmente no tiene que ver con que el producto que has comprado no ofrezca la tasa de refresco que anunciaba, sino con Windows.
El sistema operativo de Microsoft tiene un ajuste que suele venir activado por defecto, con la idea de garantizar la compatibilidad universal, que hace que tu ordenador no pase de 60 Hz. Y si no cambias este ajuste, vas a desperdiciar el enorme potencial del monitor.
Diferencia entre Hz y FPS
Para entender la magnitud del error, hay que diferenciar entre lo que genera tu tarjeta gráfica del ordenador y lo que realmente percibes tú. Es posible que tu tarjeta gráfica, es decir, la GPU, sea una bestia capaz de mover el Battlefield 6 o el Fortnite a 200 fotogramas por segundo. Sin embargo, el monitor lo limita, ya que los hercios (Hz) son la cantidad de veces que la pantalla se actualiza por segundo.
Si tu gráfica envía 200 imágenes por segundo, pero tu monitor está configurado en Windows a 60 Hz, la pantalla descartará 140 de esas imágenes. El resultado es que, aunque el contador de FPS del juego diga «144», tú solo estás viendo 60. Esto, además de que hace que se vea menos fluido, provoca problemas técnicos como cortes o líneas horizontales en la imagen, o un aumento del retraso en la entrada de la imagen al monitor.
Windows detecta el monitor, pero rara vez activa su perfil de máximo rendimiento automáticamente. Lo trata como un dispositivo estándar, priorizando la estabilidad sobre la velocidad. Hasta que tú no le ordenes explícitamente al sistema que quite esa limitación, seguirás perdiendo frames por el camino.
Revisa el cable HDMI
Antes de entrar en el panel de control de Windows, hay que entender que a veces se limitan los hercios a través del cable. Esto pasa mucho cuando se reutilizan cables HDMI muy antiguos.
El estándar HDMI ha evolucionado, y las versiones antiguas (anteriores a HDMI 2.0) a menudo no tienen ancho de banda suficiente para transmitir 144 Hz en resoluciones altas como 1440p o 4K. Si usas un cable viejo, Windows ni siquiera te mostrará la opción de subir los hercios porque detecta que el cable no tiene capacidad para transmitirlo.

Si juegas en PC, lo mejor es optar por un cable DisplayPort en lugar de un HDMI. Este estándar está diseñado específicamente para ordenadores y suele ofrecer las tasas de refresco más altas y las tecnologías de sincronización adaptativa como G-Sync o FreeSync.
Cómo tener los 144 Hz
El proceso es sencillo, pero está enterrado en varios submenús. Sigue estos pasos:
- Haz clic derecho en cualquier parte vacía del escritorio y selecciona «Configuración de pantalla».
- Desplázate hacia abajo del todo hasta encontrar el enlace «Pantalla avanzada» (en Windows 10) o «Configuración avanzada de pantalla» (en Windows 11).
- Aquí verás la información técnica de tu monitor. Busca el apartado que dice «Elegir una frecuencia de actualización».
- Es muy probable que veas seleccionado «59,94 Hz» o «60,00 Hz». Despliega la lista.
- Selecciona la cifra más alta disponible (144 Hz, 165 Hz, etc.).