Todos, en algún momento, hemos caído en la rutina de abrir la multitarea y deslizar hacia arriba o hacia los lados para cerrar todas las aplicaciones que has usado recientemente. Es una sensación casi satisfactoria y terapéutica, ya que da al usuario una idea de limpieza y orden.
Pero antes de continuar con el artículo y desvelarte la realidad tras esta práctica, tienes que saber que no. El terminal no irá más rápido ni la batería durará más.
Sin embargo, desde un punto de vista estrictamente técnico y de experiencia de uso, este hábito es contraproducente. Lejos de optimizar tu dispositivo, lo que estás haciendo es estropear la gestión inteligente de recursos que los ingenieros de Apple y Google han tardado años en perfeccionar. Tanto iOS como Android no funcionan como los ordenadores de sobremesa de los años 90, por lo que tratar de gestionarlos manualmente cerrando procesos es innecesario y empeora el consumo energético y la velocidad de respuesta.
Por tanto, la realidad es que cerrar una aplicación para volver a abrirla poco después consume mucha más energía que dejarla dormida en segundo plano.
No necesitas liberar RAM
Para entender por qué este hábito es perjudicial, primero hay que desterrar el mito de que tener la memoria RAM libre es bueno. Cuando cierras una app deslizándola, la eliminas de la memoria de acceso aleatorio, es decir, de la RAM. Muchos usuarios creen que las aplicaciones en segundo plano se quedan ejecutándose, gastando datos y procesador. Pero esto es falso, y tal y como explican los propios arquitectos de software de plataformas como Android e iOS, cuando sales de una app, esta entra en un estado de suspensión.
En este estado, la aplicación se queda guardada en la memoria RAM, pero el procesador (la CPU) deja de dedicarle recursos. De esta manera, la app está lista para volver a ser usada, pero no está consumiendo batería activamente. El sistema operativo es lo suficientemente inteligente para saber que, si necesitas más memoria para un juego pesado que acabas de abrir, debe cerrar automáticamente las apps antiguas que llevan días sin usarse para liberar espacio. No necesita que tú lo hagas manualmente.
El problema real de cerrar las aplicaciones desde la multitarea está en que cuando decides volver a usarlas, si has forzado su cierre, has borrado todo su código de la memoria rápida (RAM). Por tanto, cuando la vuelves a abrir, obligas al procesador a cargar todos los datos de nuevo en la RAM, descomprimirlos y lanzar todos los procesos de inicialización desde cero.

Este proceso requiere un pico de potencia del procesador mucho mayor que dejar la aplicación abierta en segundo plano siempre, e incluso más que abrirla por primera vez después de un tiempo. Por tanto, gastas más batería, ya que el pico de CPU para abrir la app desde cero consume más miliamperios que el mantenimiento residual de tenerla en segundo plano durante horas. También harás que el móvil parezca más lento, y aumentarás los ciclos de lectura y escritura y el calor generado por el procesador innecesariamente.
Cuándo sí se debe cerrar la app
Solo deberías deslizar hacia arriba para cortar un proceso en segundo plano en dos escenarios concretos:
- La aplicación ha fallado: Si una app se ha quedado congelada, no responde o funciona de manera errática, forzar su cierre es la única manera de reiniciarla para que vuelva a funcionar correctamente.
- No vas a usarla en mucho tiempo: Si has abierto una aplicación de una aerolínea para descargar un billete y sabes que no volverás a abrirla hasta dentro de un mes, puedes cerrarla.
- También hay una pequeña excepción con aplicaciones que abusan de los servicios en segundo plano, como aquellas que utilizan el GPS de forma continua o reproducen música.