Durante los últimos meses, hemos hablado sobre la subida de precio tanto de las memorias RAM, como de los SSD. Sin embargo, lo que estamos viviendo en los últimos días, es mucho más que un problema, ya que afecta a toda la industria.

Lo hemos visto en móviles de marcas como OPPO, o incluso en consolas de Sony como las PS5, las cuales han aumentado 100 euros en cuestión de semanas, debido al incremento de los precios de los componentes, los cuales son inasumibles por las compañías.

Los SSD seguirán subiendo de precio

La realidad es que los precios de los SSD están lejos de estabilizarse. Lo que estamos viendo ahora es el resultado de varios factores que se combinan: la demanda de grandes empresas (sobre todo de IA) y centros de datos, la escasez de chips de memoria y la preferencia de los fabricantes por vender primero a clientes que pagan más, y no a una persona individual por Amazon, por ejemplo. Todo esto deja menos unidades disponibles para los consumidores, lo que empuja los precios hacia arriba.

En países como Corea del Sur, algunas unidades de 1 TB se están vendiendo al doble de lo que costaban hace solo unos meses. Esto no es un problema aislado, ya que la tendencia se está viendo en todo el mundo, y en España, pese a llegar más tarde, por tener una demanda menor, también lo estamos sufriendo. Las marcas saben que tienen que ajustar los precios porque, si no, producir estos componentes se vuelve insostenible.

Además, la demanda de memoria para inteligencia artificial y servidores está creciendo a pasos agigantados. Los fabricantes prefieren estos mercados porque los márgenes son mayores y los contratos suelen ser a largo plazo. No es lo mismo venderle 1.000 unidades a una empresa todos los días, que una suelta a un comprador como tú o como yo de forma individual. Esto significa que los SSD de consumo, los que usamos en ordenadores personales y consolas, quedan en segundo plano, y si tienes que reemplazar un componente de tu PC o consola, puede que te salga más caro que casi comprar un equipo nuevo.



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La consecuencia es clara para todos, y es que comprar un SSD hoy puede resultar más caro, y todo apunta a que los precios seguirán altos durante varios meses, incluso subiendo más. No se trata solo de una subida temporal, ya que la escasez de chips y la presión de la industria sugieren que la “nueva normalidad” será ver unidades de almacenamiento con etiquetas más caras de lo que estábamos acostumbrados, al menos durante unos años.

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